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Napoleón, la película que

llegó pero no conquistó

Escrito por: Clack!

Publicado: 01 de Diciembre 2023

Tiempo de lectura: 5 minutos

Fotografía:

Napoleón, interpretado por Joaquin Phoenix, montado en un caballo
Fuente: IMDB

¡Agárrate, soldado! Porque al fin se estrenó el biopic más esperado del año. Protagonizado por Joaquin Phoenix y dirigida por Ridley Scott, Napoleón (2023) llega a mostrarnos el lado más íntimo del hombre más influyente del siglo XIX.

En Clack! te contamos lo que nos pareció esta película cargada de cañonazos y gavotas por igual. ¡Pero cuidado! Porque desde aquí los spoilers irrumpirán en el texto, igual como Napoleón a Egipto (chistecito histórico jeje. Anda, di que te reíste también. ¿No? Bueno, hagamos cuenta que nunca pasó).

¡Todo estará bien! Un pueblo armado siempre se cuida

Napoleón llega para narrar con lujo de detalles cómo fue que este hombrecillo de origen italiano pasó de ser un don nadie a conquistarlo todo. 

Sí, estamos acostumbrados a que las películas de Ridley Scott aborden temáticas asociadas a la ciencia ficción, como Alien (1979) o Blade Runner (1982). Sin embargo, las cintas históricas no le son tan ajenas. El cineasta británico se ha atrevido a dirigir filmes como Gladiador (2000), Robin Hood (2010) o Exodus: Gods and Kings (2014). ¡Incluso dirigió el biopic de la familia Gucci! Aunque, lamentablemente, no logró ser tan aclamada por la crítica.

Pero volvamos a lo que nos convoca. Imagínate que estás en la Francia de 1789, en el punto más álgido de la revolución. El reinado de Luis XIV y María Antonieta está peligrando. Al mismo tiempo, un militar corso que está en búsqueda de su nuevo ascenso, se mueve entre las personas congregadas en la plaza pública.

Ah! ça ira, ça ira, ça ira! Le peuple armé toujours se gardera!”, exclaman los rebeldes. Pero sus voces se camuflan con el ímpetu de la grabación de Édith Piaf. Todo mientras ven cómo le cortan el cogote a la mujer que los mandó a comer pastel. A nosotros, los espectadores, también nos toca ver eso con lujo de detalles.

La selección sonora para la escena de apertura fue un acierto. No hay mejor himno no oficial de la resistencia de la época para poder empezar a hablar sobre la revolución francesa.

Aunque claro, resulta un poco atemporal imaginarse a Édith Piaf en el siglo XVIII. Quizás, en este caso, Scott y su equipo podrían haber optado por una versión más adecuada. Quizás, quedarse solo con el coro de voces enojadas diciendo “¡Ah! ¡Todo estará bien! (x3) ¡Un pueblo armado siempre se cuida!”.

Las dos caras del emperador Bonaparte

Napoleón coronando a Josephine
Fuente: National Geographic 

Como dice el dicho, “de atrás pica el indio”. Poco a poco, Ridley Scott y David Scarpa (quien estuvo a cargo del guion) nos llevan de la mano para ver cómo el emperador llega a ser un Mesías. Nos invitan a explorar la dualidad de Napoleón Bonaparte. ¿Dónde empieza su ambición y dónde termina su humanidad?

El general Bonaparte, en palabras de su amada Josephine (Vanessa Kirby), “no es nadie sin su madre o sin su mujer”. Aquí, Joaquin Phoenix como Napoleón hace un trabajo excepcional al momento de mostrarnos su lado más vulnerable. Sobre todo cuando se entera de que su mujer le está poniendo los cuernos y es la comidilla de los cahuines en París.

Sin embargo, queda en manos del espectador interpretar lo que más le duele al emperador. ¿Es por ser el cornudo del momento? ¿O es por no ser amado de forma recíproca ni recibir la misma intensidad que delata en sus cartas a Josephine? Aunque, claro está, esta historia está lejos de llamarse como una de amor.

Melancolía y nostalgia como motivos centrales

Por otro lado, el filme hace unos cuantos guiños a la añoranza de una grandeza que ya no está. Napoleón aspira a eso. Napoleón Bonaparte se echa al hombro el deber de llevar a Francia a la gloria.

Su círculo político se encargó de amarrarlo a esa tarea y hacer que se convirtiera en su motivo más intrínseco. Este hombre bruto, de pocas palabras, es la expresión máxima de querer llegar a lo más alto de sus aspiraciones. Pero los ciudadanos del Gobierno cometieron un error al pensar que era la persona correcta para hacerlo.

Por eso, hacia el final de la película, Napoleón grita: “¡Por la Patria y la Gloria!”. Porque él encarna el deseo de todos para poder alcanzar la grandeza y se niega a soltar su papel de Mesías. Él es el elegido para llevar a Francia por el buen camino y conquistar todo lo que ha perdido antaño.

La cinematografía, principalmente de tonos azulados y grises, logra capturar esta tristeza y melancolía que te hace extrañar lo que en algún momento fue bueno. Todo momento en el que los personajes tuvieron algo que añorar se transmite a través de fotogramas y escenas en esta escala de colores.

La falta de un je ne sais quoi

A pesar de todo lo anterior, Napoleón no alcanza a dejarnos satisfechos. Le falta ese “no sé qué”. Tal vez porque el personaje escogido para este nuevo biopic de Ridley Scott es uno de los más explorados (y explotados) en la ficción. ¿Qué más queda por ver de esta figura?

Tristemente, la cinta que llegó a las salas de cine parece (a ratos) un collage de situaciones y momentos clave de la vida de Napoleón Bonaparte. Algo así como una línea de tiempo, como las que hacíamos en el colegio, pero audiovisual. Y eso, muchas veces, te confundía o te hacía perder el hilo de lo que estuviera pasando.

Todavía no terminabas de tragarte el romanticismo torpe del general cuando de repente saltábamos a la guerra. Aún prestando atención, no sabías en qué momento había pasado un año completo en la historia. Además, hay varias atribuciones artísticas que distorsionan el relato.

Bonaparte no asistió a la ejecución pública de María Antonieta, por ejemplo. Ni tampoco mandó a bombardear las pirámides egipcias. Eso sin contar que el inglés como idioma principal hace que se sienta un poco antinatural. Sobre todo cuando un soldado grita “Viva le France!”, con un acento torpemente francés.

La banda sonora, además, toma música de otras películas, como Orgullo y Prejuicio (2005). Justamente para esos momentos en que Josephine y Napoleón coqueteaban de lejos. Pero de nuevo había algo, ese “no sé qué”, que hacía que la relación entre ambos se sintiera extraña e incómoda.

Aun así, la película es una experiencia visual con un CGI muy bien ejecutado. No hay peros en eso. Solo nos quedamos a medias en la forma en que nos cuentan este relato.

Sin embargo, los que nos quedamos con gusto a poco en el cine, pronto podremos disfrutar una versión extendida de la cinta. Esta durará nada más ni nada menos que 4 horas. ¡Ojalá sea para complementar lo que se quedó en el tintero y no llegó a pasar a la pantalla grande!