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Columna | Cómo en ‘Elvis’

nace una versión perfecta del artista (para la película) 

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Publicado: 23 de Septiembre 2022

Tiempo de lectura: 3 minutos

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Ante el estreno de una de las películas que más expectación generaba para el 2022, me llamó mucho la atención que la conversación en torno a Elvis, dirigida por Baz Luhrmann, se haya concentrado principalmente en comparaciones, incluso por sobre el producto en sí. Comentarios como: “Austin Butler me pareció sobreactuado”, “exagera mucho la realidad” o “Bohemian Rhapsody era más fiel” no están fuera de lugar, pero si (tal vez) fuera de foco. 

La pregunta clave que hay que plantearse siempre debe ser: bueno, ¿cuál es el enfoque de la película? En mi interpretación, lo que busca Baz Luhrmann no es generar un documental  biográfico con la historia del “Rey del Rock”, la que está cargada en la tragedia de su partida, si no que busca canalizar ese impacto frenético que generó en la música y que muchos no pudimos vivir.  

Esto queda particularmente claro en una escena dentro del primer acto, donde se invita a  Elvis y a la audiencia a dejarse llevar por “el espíritu de la música”. A partir de ese punto se  nota un cambio y en esta reseña buscaré explicar cómo eso funciona a la perfección con lo que buscaban. 

El escenario creado por Baz Luhrmann y compañía 

Como dije antes, Elvis es una película que no buscaba ser una bitácora, si no que un reflejo energético de la realidad. Creo que nada demostró esto más que el montaje de la cinta. Desde un comienzo, nos muestra a un coronel Tom Parker ya inmerso en el mundo de luces y carteles, aunque a la distancia de su ventana. De a poco este se va acercando a los edificios de apuestas y máquinas de juegos, empezando su relato y con esto, la montaña rusa. 

Así, el trabajo de edición y cinematografía procede a subir el volumen y la adrenalina, con  cuadros bañados en rojos y cortes rápidos y frecuentes. Lo más interesante es ver cómo  ocupan lo cinético para transmitir esto. Cuando la música suena, los cuadros siempre tienen movimiento, ya sea con Elvis o el público que entra en frenesí. Las personas parecen vibrar en  cada toma, especialmente en los primeros años del artista, mostrando la locura que Elvis producía.

Elvis, el artista 

Ahora, nada de esto funciona si el núcleo no puede guiar toda esta energía en su actuación.  La opinión general dice, y estoy de acuerdo, que el punto más fuerte de Elvis es la  interpretación de Austin Butler. No se trata de poder cantar como el Rey (lo que puede  hacer), sino que también es mostrar la fuerza, esfuerzo e intensidad que ponía Elvis en el  escenario.

Porque cuando las luces, los cortes rápidos y el público se detenían, él debía seguir  transmitiendo el impacto. El especial de Navidad es la gran demostración del trabajo hecho  por Butler, ya que no es una imitación coreografiada, es creer que el actor está tratando de  dar el mismo mensaje que el cantante. 

Elvis, la persona 

A lo largo del filme también vemos pasajes de la vida de “El Rey”, mostrando hitos junto a las personas que marcaron al músico. Ya sean los artistas de Memphis, su familia o el mismo coronel. Elvis entró muchas veces en conflicto, pero como audiencia nos limitamos a ver solamente a un hombre que terminaba diciendo “sí, señor” fuera del escenario, aunque se revelara dentro de este. 

Sin embargo, el tercer acto cambia esto y logramos ver al hombre detrás del artista. Cuando la película se vuelve prácticamente “Elvis vs. Las Vegas”, vemos señales del sufrimiento de una persona y no de un músico. En ese momento también vemos a un Austin Butler que no solo interpreta, sino que por fin actúa, dándonos esa dimensión que nos faltaba de Elvis Presley en la película.


Al final del día, Elvis puede no ser una producción perfecta. De hecho, yo mismo puedo tener ciertos problemas con esta. Aun así, es una película que buscó mostrarnos algo que algunas generaciones no pudimos ver y que para eso, logró formar un personaje que en cuerpo y espíritu te electriza con sus canciones y su esfuerzo.