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Columna | Frankenstein

y las raíces del miedo

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Publicado: 27 de Octubre 2022

Tiempo de lectura: 3 minutos

Fotografía:

Frankenstein

Clásicos son clásicos por algo, y la película Frankenstein (1931) de James Whale es una de esas historias que quedarán marcadas por siempre en los libros de historia. Es cierto que luego de 91 años de su estreno, un filme que se categoriza como “terror” ya no da miedo, pero también es cierto dentro de este uno puede ver qué cosas son los ejes de un género que hoy toma muchísima fuerza.

Barbarian, Smile, Nope, son uno de los estrenos de gran calibre que fueron lanzados este 2022. Sí, solamente este año ya hemos tenido varios éxitos dentro de la categoría de “terror”. No obstante, aún más estrenos han entrado en este complejo año que no han podido traspasar la palestra implícita de la audiencia, quedando tristemente en el camino sin recuerdo.

Esto pasa, a mi parecer, porque el 90% de estos últimos casos no tienen las bases que muestra una película como Frankenstein. Insisto, una película que ya no da miedo, para nada, y que claramente tiene técnicas que ni siquiera se ocupaban en esos tiempos, pero con la que explicaré un por qué sigue siendo necesaria en estos tiempos, para recordar qué es lo importante.

La fábula 

Partamos de lo más básico y rudimentario. El sentimiento de susto siempre ha crecido desde la mística de los cuentos. Ahora, esa mística se crea pintando un contexto espeluznante y un escenario tenebroso. No digo esto en el sentido más literal del cine, que sería grabar todo en un cementerio, de noche; si no que se debe influir en el miedo de la audiencia bajo cosas que estén tanto explícitas como implícitas.

En el caso del monstruo Frankenstein, podemos tomar ambas características con ejemplos bien claros. Lo explícito es el pueblo, la tormenta y el molino, que simbolizan el estado de ánimo que se quiere provocar. Mientras que lo implícito se da por la ironía dramática de ver los errores que se cometen con el experimento, sesgados por la idea de jugar a ser “Dios” de parte del Doctor Frankenstein.

Con esto uno crea “atmósfera”. El equivalente a contar un cuento y decir “uuuuuoooouuuhhhhhh” de forma maliciosa. Muchas películas creen que es suficiente con mostrar secuencias de mucha oscuridad y paredes con sangre, cuando en realidad la atmósfera es la que da señales de las consecuencias que se vienen, previo a cualquier altercado. El ver de dónde viene el monstruo te activa las alarmas, incluso si este está jugando en la pradera, a plena luz del sol, con una niña. 

Boris Karloff y Marilyn Harris en Frankenstein de 1931

Los personajes y sus arquetipos

El miedo se concentra en el riesgo, el alertarse por sentir algo cuando uno sabe que está en una situación crítica. Pero ¿qué tan crítico es estar viendo una película? En el papel, nada. En la realidad, bastante. Porque somos seres simpatizantes, personas que tienen susto porque conectan con un personaje ficticio, que los atrae al medio de la trama y los hace sentir parte de este riesgo. 

Bueno, todos podíamos ver la locura del doctor y su obsesión con el experimento, por eso hay personajes que buscaban lo lógico y lo que la audiencia probablemente pensaba: detenerlo. 

Nuevamente, menciono que esta es la versión más básica que se puede encontrar en el cine: personajes con arquetipos tan marcados, que se les pueden colocar marcos. Aun así, estos arquetipos son necesarios para anclarte a la película. 

Hoy muchos filmes buscan asustarte de maneras innovadoras. Con conceptos alocados, monstruos bizarros o, incluso, con un poco de realidad; pero si el público se da cuenta que ellos no están en riesgo, si no que solo los personajes ficticios, el susto se disipa. 

El espejismo

Después de procesar los personajes, toda película de terror debiese hacerse la misma pregunta: cuál es el mensaje de la historia. Antes mencioné que algunas películas buscan asustarte con un poco de realidad. Sin embargo, todas son un reflejo de algún problema en las vidas de la audiencia que hace que las campanas del miedo suenen con fuerza.

Porque si yo te digo “viene un zombie, con suturas por todas partes y movimientos fuertes, a buscarte” me dirás que estoy demente. Ahora, si yo te digo “todas tus acciones tienen consecuencias que tarde o temprano te alcanzan y te liquidan”…bueno, ahí tendré tu atención.

Y es que, en realidad, esta es una regla que va a toda historia. Para qué contaremos historias de payasos malignos si son solamente para utilizar parte de la imaginación. La lección siempre debe venir escondida entre monstruos y caretas para que surja el miedo, cosa que todo cuentacuentos sabe.Yo les dejo esto: vean Frankenstein, una película que no les dará miedo. Apreciarán de gran cine clásico y podrán entretenerse por 70 minutos. Eso sí, siempre tengan en cuenta las 3 reglas de Frankenstein (Fábula, Personajes y Espejismo), porque si se las encuentran en las próximas películas que vean, sabrán que es la hora de salir corriendo a gritos.